El ser humano demasiado a menudo confunde picardía (por utilizar un eufemismo) con inteligencia, y en el sector de las inversiones inmobiliarias no iba a ser diferente, aunque por suerte se trate de una minoría. 


Nos referimos a los inversores que intentan no pagar o pagar de menos, los honorarios correspondientes de una intermediación inmobiliaria. 

Es algo que hemos visto a menudo y de lo que siempre se habla, dado que es una realidad latente. Pero es un hecho absolutamente objetivo que daña sobremanera la imagen del sector y, además, a la economía del propio inversor a medio y largo plazo.

Pongámonos en el lugar de un inversor sin mucha autoconfianza y sin una estrategia a largo plazo. Probablemente crea que ahorrarse la comisión del profesional sea una buena idea, ya que ahorra una cantidad de dinero proporcional al valor de la inversión. Pero, si somos mínimamente inteligentes nos damos cuenta de que no sólo no es una acción perspicaz y desenvuelta, sino una absoluta torpeza y una prueba irrefutable de falta de intelecto. Por no hablar de una nula capacidad de establecer estrategias a medio y largo plazo en las que él mismo es el mayor beneficiario. Es decir: la mayor víctima acaba siendo el propio inversor que pretende ser más listo que el resto.

 

No se trata de una opinión subjetiva, sino de un hecho probado por la propia historia del sector. Si estudiamos los mayores casos de éxito nos encontramos con inversores que pagan religiosamente los honorarios a los que se han comprometido, y no lo hacen sólo porque sean empresarios honestos, sino porque además son los más inteligentes y lúcidos y los que más miran por su propio futuro. 

Lo son porque al pagar los honorarios correspondiente se aseguran varias cosas: primero tener a los mejores intermediarios y consultores llamando a su puerta ofreciéndoles las mejores propuestas de negocio, segundo porque establecen vínculos empresariales a largo plazo que les sitúan en lo más alto económica y socialmente y tercero porque se convierten en los empresarios admirados por una sociedad que los ve como modelos a seguir.


Además, y esta es la realidad que más incordia a los que quieren tomar atajos fuera de la ética y la profesionalidad, estos inversores capaces de ser analíticos, honrados y estratégicos son los que a la larga acaban teniendo más éxito económico. Por lo tanto, llegan más lejos que el resto incluso según los parámetros más superficiales y cortoplacistas de los que quieren ir por la vía rápida y saltarse el correspondiente pago de honorarios.

La imagen de nuestro sector se ha visto manchada históricamente por este tipo de inversores que acaban sufriendo su propia cortedad de miras. 

¿Existirá alguien más torpe que cerrase las puertas con la persona que le trae las oportunidades inmobiliarias a su mesa?

Pero, por suerte, la mayoría de los empresarios son serios, respetables e íntegros y  acaban cerrando grandes negocios, teniendo el respeto y admiración de intermediarios y consultoras inmobiliarias. 

¡¡Cuando una consultora o intermediario descubra o localice una gran oportunidad inmobiliaria siempre se acordarán primero del que mejor paga!!

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¿Crees que es inteligente no pagar o pagar de menos los honorarios de una intermediación?
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¿Crees que es inteligente no pagar o pagar de menos los honorarios de una intermediación?
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Nos referimos a los inversores que intentan no pagar o pagar de menos, los honorarios correspondientes de una intermediación inmobiliaria. 
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